miércoles, 7 de octubre de 2009

L. (III)

Hoy nos hemos encontrado en casa de L.

Ella me esperaba como le había ordenado: de espaldas a la puerta, vestida con ropa de trabajo, sentada en una silla, en medio del salón.

Había dejado la puerta entreabierta, y así me colé en su casa. La vi allí sentada, con el pelo recogido, y me acerqué a ella por detrás. Saqué de mi bolsillo un antifaz y se lo coloqué. L. no lo esperaba, y noté cómo se puso tensa. Pero los dos sabíamos que su casa ahora era mía, que todo lo suyo era mío, y que lo podía usar como me vienese en gana.

"Levántate", le ordené. Se puso en pie y la llevé del brazo hasta la mesa del salón, tumbándola hacia delante. Le quité la falda y comprobé que llevaba las bragas que le había dicho.

"Bien zorra, a ver cómo estás hoy", dije, apartando su braga y tocando su coño y su culo, que ya estaban mojados. Saqué unas bolas chinas de mi bolsillo y se las introduje lentamente por su coño. Hoy le había dado permiso para expresar su placer, así que L. comenzó a gemir lentamente mientras mis dedos iban metiendo las bolas poco a poco.

"Levántate de nuevo". Se irguió, y le di la vuelta, dejándola de cara a mi. Le puse en su cuello el collar de perra que llevaba preparado. Y acaricié sus pechos por encima de la blusa. Una prenda suave, elegante, muy agradable al tacto, y que le sentaba muy bien.

De prontó tiré con fuerza de la blusa y la abrí de golpe, con violencia, haciendo saltar los botones. L. se sobresaltó y pude ver como sus pechos temblaban ligeramente dentro del sujetador. Le quité la blusa y la tomé por el brazo con fuerza.

"A ver ¿dónde está la cocina?". "A la derecha, amo", me dijo.

"¿Lo has preparado todo como te dije, puta?". "Si, amo".

"Bien, vamos a verlo".

La arrastré hasta la cocina. Allí L. había preparado unos platos con algunas cosas para picar, y un bol grande con agua. Estaba todo perfectamente alineado, como le había pedido.

Tomé un plato de crema y otro con queso y los puse en el suelo. También puse a su lado el bol con agua. "Agáchate zorra, de rodillas", le ordené. L. se arrodilló justo al lado de los platos y le expliqué donde estaba cada uno.

"Y ahora zorra, come como la perra que eres, sólo con la boca , y sin quitarte la venda, zorra..."

L. se agachó hacia delante, y despacio fue comprobando con su boca la disposición de los platos. Metió su cara en la crema y comenzó a sorber. Al agacharse hacia delante, su culo quedaba completamente a mi vista, las bragas metidas entre sus nalgas, y veía una humedad brillante entre sus muslos.

L. intentó luego beber agua, pero al meter su cabeza, volcó el bol por el suelo.

"Mira que eres tonta, zorra ¿es qué tendré que enseñarte todo?".

Y sin que lo esperase azoté sus nalgas con la palma de mi mano, varias veces. Sus nalgas se enrojecieron, pero L. no se quejaba, sólo gemía cada vez más fuerte, al ritmo de mis golpes.

"Bueno, ya que has tirado todo al suelo, tendré que acabar de darte tu comida."

"Acércate zorra".

L. se acercó a donde estaba sentado, gateando, y se puso delante de mi, de rodillas.

"Dame tus manos". La tome de sus manos y la coloqué exactamente en medio de mis piernas.

"Bien, quiero que me abras el pantalón, y que te comas mi polla, zorra. Ya sabes como me gusta que lo hagas, ¿está claro?" "Si, amo, está claro"

L. abrió mi pantalón a tientas, me lo bajó junto a mis calzoncillos, y me agarró la polla con mucho cuidado. Sabía que si hacía algo incorrecto la azotaría, y como además llevaba el antifaz, debia poner un cuidado especial.

Abrió su boca, y lentamente pasó su lengua por mi polla, muy poco a poco, humedeciéndola, saboreándola, intentando darme el máximo placer. Y luego comenzó a tragársela, lenta y profundamente, hasta donde la fue posible, y la dejó allí, en su boca, quieta, sin moverse, esperándome.

Tome su cabeza con mis manos, agarré su pelo, y comencé a follármela por su boca, primero despacio, y luego cada vez más rápidamente mientras mi excitación aumentaba. L. se sentía follada, puta, zorra, y lo manifestaba intentando gemir, intentando agarrarse a mi, acercarse a mi, pegarse a mi.

Tremendamente excitado, me corrí en su boca, en su garganta, y en ese momento L. tuvo también un orgasmo intenso, mientras sentía como mi polla se metía en su boca y mi leche la inundaba.

L. se encargó luego de limpiarme bien con su boca de zorra, de pasar muy despacio su lengua por mi polla, hasta dejarme completamente satisfecho.

"Bien zorra, al menos haces algo bien de vez en cuando."

"Vamos a tu cuarto, a ver qué encontramos"

(continuará...)

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