miércoles, 6 de junio de 2007

Probándote.... (I)

Siempre se encuentra una calle como esa, llena de tiendas, de todo tipo de tiendas.

Era justo lo que necesitábamos aquella mañana. Eran las 12, de un martes, y todo estaba muy tranquilo. Lo justo para que nos dejaran en paz, pero también para que nos prestasen el mínimo de atención que nos mantendrían siempre en alerta.

Te presentaste puntual, sabes que no me gusta que me hagas esperar, y vestida como te había dicho: blusa ligera, falda justo por encima de las rodillas, tacones. Se intuía tu sujetador y también el tanga que tanto me gusta.

Aunque no me habías visto nunca, me reconociste enseguida, y yo también a ti. No hablamos: sólo te indiqué que fueses delante, tu ya sabías lo que tenías que hacer.

En la primera tienda elegiste unas blusas y te acompañé al probador. Cerramos la cortina, aunque dejé una pequeña abertura, mínima, pero tal vez alguien te podría ver, además de mi, claro. Me miraste a los ojos, insegura, temblorosa.... yo sólo asentí, y comenzaste a desabotonar tu blusa... botón a botón, lentamente. Tu piel fue apareciendo poco a poco, y luego tus pechos, enfundados en aquel sujetador semitransparente. Parecías turbada, tímida, pero te quitaste completamente la blusa y me enseñabas una parte de tu cuerpo. Yo estaba cerca de ti, a muy pocos centímetros, podía olerte, oir tu respiración agitada, que hacían subir tus pechos, y podía mirarte... Te hice un gesto, y te diste la vuelta, enseñándome tu espalda. Me mirabas a través del espejo... Yo me acerqué a tu espalda y desabroché el sujetador... sólo eso. Tu de nuevo entendiste lo que quería, y te quitaste el sujetador despacio, lentamente... enseñándome tus pechos a través del espejo. Se notaba tu excitación, tus pezones no mentías. Cogí el sujetador que mantenías en una mano, lo doblé y me lo metí en el bolsillo. Te hice dar la vuelta, y pude apreciar tus pechos en todo su plenitud, frente a mi.

Querías que te tocase, pero no lo hice... no te lo merecías todavía. Abrí un poco más la cortina, y alguien pasó en ese momento y pudo ver tus pechos brevemente. Hiciste un gesto reflejo de taparte, pero no te dejé. Quería tenerte así, ofrecida, tu torso desnudo, para que cualquiera pudiese verte....

Te dejé así unos minutos, de pie en el probador y desnuda. Podía notar como iba creciendo tu nerviosismo y tu excitación. Pero no podías hacer nada, hasta que yo te dijese...

Te ordené que te vistieses, y te pusiste la blusa, esta vez sin sujetador. Tus pezones se marcaban perfectamente, y te sentías avergonzada. Al salir, la chica de la tienda te miraba y luego me miraba a mi. Tú lo notabas y no sabías muy bien como comportarte, pero yo notaba que estabas excitada, podía verlo y casi olerlo...

(Continuará...)

El comienzo: inicio de una esclava

Es díficil encontrarlos, pero quedan todavía algunos hoteles así: discretos, tranquilos, un punto decadentes... en los que nadie te mira, nadie te pregunta.

Las habitaciones son grandes, el suelo de madera, con alguna alfombra y, sobre todo, con camas grandes, con dosel, o cabeceras de madera...

Nos citamos en uno de esos hoteles, cerca del centro... Yo llegué primero, como te había dicho, cogí la habitación y te mandé un SMS con el número. Ya había dejado dicho que tú (la señora) vendría más tarde, así que nadie te preguntó nada, de hecho casi no te miraron cuando entraste en el ascensor.

Caminabas por el pasillo directa a la habitación, un poco nerviosa, pero también curiosa, no sabías que te ibas a encontrar. Llegaste a la habitación que te había dicho y tocaste 3 veces, 3 golpes como habíamos quedado. "Está abierto", sonó mi voz desde dentro. Así que abriste la puerta y entraste. La habitación estaba oscuro, sólo había una luz de una lámpara en el centro. Mi silueta se dibujaba ligeramente al fondo de la habitación, sentado en una butaca, pero no puedes verme la cara, de hecho no sabes como es mi cara, es nuestro primer encuentro.

"Acércate a la zona de luz", te digo. Y tú cierras la puerta y te acercas al centro de la habitación. La lámpara ilumina tu cuerpo. Has venido vestida como te he dicho: chaqueta oscura, blusa blanca de botones y manga corta, falda oscura por encima de las rodillas, medias y sandalias de tacón.

"Quítate la chaqueta"... y tú te la quitas lentamente. La mantienes en la mano, pero no sabes que hacer con ella, así que te acercas a la cama. "No, no te muevas de la luz!!!", te paras y tiras la chaqueta a la cama.

"Bien, date la vuelta, quiero verte bien". Te das la vuelta, me das la espalda y luego te vuelves de nuevo hacia mi.... No te gusta que te mande así, pero me obedeces, sabes que tienes que obedecerme.

"Ahora, quítate la blusa". Empiezas a desabotonar lentamente los botones, la abres por delante. Me muestras el sujetador negro que traes, tal y como habíamos quedado. Luego te la quitas completamente y miras hacia donde estoy, casi desafiante...

Hago un silencio, un largo silencio. No sabes que hacer, estás desconcertada, te quedas quieta, de pie, no sabes como colocarte, no sabes lo que viene luego. Pero entiendes que conmigo no valen los desafíos, y bajas la vista. Lo has entendido....

"Ahora la falda". Te sueltas el botón y la cremallera de la falda y la dejas caer al suelo. Sacas los pies y la empujas fuera de la zona de luz. Veo que me has hecho caso: llevas un tanga negro, y un liguero también negro que sujeta tus medias. "Date la vuelta, zorra, quiero ver tu culo". Sin levantar la vista, te das la vuelta y me enseñas tu culo. El tanga se mete entre tus nalgas y las marca bien... me gusta como se ve... Tú me das ahora la espalda, y no te veo, pero te excita mostrarte así para mi....

"Bien, vuélvete de nuevo".... Te giras, la mirada baja, y esperas algo más.... Hago un pequeño silencio y te tiro algo que cae a tus pies... "Recógelo y póntelo"... Es un collar de cuero rojo, con clavos metálicos brillantes, de perro, con un pequeño aro. Te agachas, lo recoges y te lo colocas alrededor del cuello.

"Y esto también"... Y te tiro unas esposas, que te colocas en las muñecas y cierras con tus propias manos... "Bien, zorra, así me gusta.... Ahora quiero que te acerques a la cama... y te quedas frente a la cama, de espaldas a mi..."

Me obedeces, y te quedas de pie, al borde de la cama... Oyes como me levanto y me acerco a ti... No puedes verme, e intentas mover la cabeza un poco, pero me doy cuenta: "Sabes que no puedes mirarme, verdad? Lo has entendido?" "Si, señor" Son las primeras palabras que pronuncias, y son de obediencia. Eso me gusta....

Me acerco a ti, y engancho una cadena al collar de tu cuello.... la dejo caer por tu espalda, y sientes el metal frío en contacto con ella. Te coloco ahora un antifaz, y lo aprieto un poco, para asegurarme de que no puedas ver nada... Empiezo a acariciar tu espalda, te estremeces, te gusta, pero de pronto te empujo con fuerza hacia adelante y caes sobre la cama. Me siento sobre ti, sobre tu espalda, notas que sigo vestido... y tiro de tus manos hacia arriba, hacia la cabecera de la cama. Engancho las esposas a un cordel y te ato a la cabecera, inmovilizándote... Luego te abro las piernas y te las ato una a cada lado de la cama.... Ahora estás completamente a mi disposición: te tengo atada, amordazada, con tu antifaz... no puedes verme, ni tocarme, ni moverte, pero estás excitada, mojada... Lo se, y toco tu coño por encima de tu tanga, siento tu humedad, la huelo....

Levanto tu pelvis y coloco un par de almohadas debajo. Así tu culo se levanta y se muestra mejor para mi. Saco unas tijeras de mi bolsillo, y las paseo por tus nalgas, hasta llegar a las tiras del tanga... las notas frías, y corto el tanga con las tijeras, con lo que se suelta y me muestra ahora todo tu culo y tu coño, a mi disposición....

Subo las tijeras por tu espalda, noto tu temblor, te estremeces, y corto las tiras de tu sujetador y te lo quito también.

Me alejo un poco y te contemplo: sólo llevas puestas las medias, el liguero y las sandalias. Estás atada, abierta de piernas, en silencio... Puedo ver la humedad de tu coño: eres una zorra y estás excitada, te gusta exponerte así para mi, un desconocido al que no has visto, pero que te hace disfrutar....

Me acerco a ti por detrás y empiezo a tocar tu coño, con suavidad. Está muy húmedo, suave y caliente. Lanzas un pequeño gemido de placer, pero yo paro en seco y te doy un buen azote en tus nalgas. Entiendes, rápidamente, que no puedes decir nada, ni hablar, ni gemir ni nada. No te he amordazado, pero no hace falta, porque eres una puta obediente y no vas a hacer ningún ruido....

Sigo tocando tu coño, preparándolo... y con la otra mano voy metiendo un dedo en tu culo. Te duele pero te gusta... Te mueves cada vez más, estás cada vez más mojada, y aprovecho para meterte un segundo dedo por detrás, que abre más tu esfinter. Te acercas al orgamo, pero paro en seco....

Te quedas excitada, al borde del placer, pero no te dejo continuar... "Por favor", me dices, pero mi respuesta son 2 o 3 azotes más "Calla", te digo....

Después de un par de minutos sientes que me acerco de nuevo a tu coño, y empiezo a introducir algo... son unas bolas chinas, que te van llenando completamente. Estás muy sensible, y cualquier movimiento te provoca corrientes de placer...

Vuelvo a abrirte el culo con mis dedos, durante un rato, mientras las bolas trabajan tu coño. De pronto, quito mis dedos, y empiezo a follarte el culo. No lo esperabas, pero de pronto sientes mi polla que entra en ti... primero despacio, acostumbrándose a tu culo de zorra, estrechito, primerizo... Pero enseguida te la meto completa, y espero un poco a que te abras completamente. Te duele, pero no dices nada, ni un sonido, sabes que si me enfado pararé y te la sacaré... y lo único que deseas es tenerme completamente dentro de ti...

Me empiezo a mover despacito, pero con fuerza, y de pronto un orgasmo estalla en ti... no lo puedes evitar y cierras tu culo alrededor de mi polla, pero te doy un par de azotes y sigo moviéndome, cada vez más rápido... cada vez más fuerte... las bolas siguen provocándote espamos y otro orgasmo se acerca, esta vez más fuerte, más intenso... No eres más que una puta, abierta de piernas, y siendo follada por tu amo, un extraño al que no conoces, pero que te hace disfrutar como siempre te has imaginado.

Me muevo cada vez más fuerte, y me corro dentro de ti, dentro de tu culo. Sientes mi semen caliente, con tu culo abierto, y explotas en otro orgamo intenso. Esta vez si, gimes, no te importa el castigo, de hechas deseas que te castigue... pero yo me estoy corriendo, abriendo tu culo, así que te agarro del pelo mientras acabo de correrme dentro de ti....

Cuando he acabado, me levanto, me voy al baño, me ducho y luego me visto... Tú estás inmovilizada, gozando de tus orgamos.

Suelto la cadena que ata tus manos a la cabecera y te dejo las llaves de las esposas.

Y me voy: "Adiós", y cierro la puerta del hotel.

Y te dejo allí... hasta la próxima vez.